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| Hipólito Mejía |
Por Venecia
Joaquín
Hipólito Mejía debe sentirse muy satisfecho por el extraordinario
trabajo que realizo en la pasada campaña electoral. Producto de ello, logro llevar
al PRD a una posición privilegiada. Le consiguió un 47% de los votos. Lo logro con una labor ardua, con pocos recursos, muchos obstáculos y
corrientes en contra. Otro en su lugar, no lo hubiese logrado.
Siempre he confiado en Hipólito. ¡Me encanta su personalidad!, espontánea, sin dobleces. En
esta oportunidad, le ayudo tremendamente. El cariño, admiración y respeto, que
siento por el, lo asocio al hecho de que
ama el campo, tiene fe en la agropecuaria y mis raíces campesinas me permiten
entenderlo. Esos afectos crecieron tras esta campaña electoral.
Tranquiliza saber que tenemos hombres públicos con sus
condiciones. Líderes y padres de
familias ejemplares, que envían mensajes
positivos, a la sociedad, que enseñan a ser responsable, trabajador, honesto. Hay
que predicar con el ejemplo. La juventud necesita de estas lecciones. Es
posible que Hipólito haya perdido las elecciones pero creció en el corazón de
los que valoran el alma de la gente. Ha sido el gran ganador de esta
jornada cívica.
Recordemos que se manejo con menos de la mitad de los recursos que
utilizaron en Danilo Medina, a quien promovieron con el presupuesto de la
nación, incentivando la prensa, la publicidad, haciendo regalos, entre otros. ¡Quien
compite con ese derroche de recursos!. Hipólito esgrimió básicamente la fuerza
de su personalidad, que derrocha coraje y credibilidad. Con ella enfrento
leones, tigueres, a ese gigante poderoso que es el PLD, buscando derribar las
murallas del poder. Como diría mi tía “para pichón mucho voló”. Dispuso de un
buen equipo, pero de pocos recursos.
Lo peor que le sucedió, fue que el Presidente de su partido, quien
debía ser su facilitador y confidente, lo
tenía en contra. Tenía el enemigo con las llaves de la casa, cerrándole el
paso. Algo insólito. A pesar de esas
corrientes en contra, logro que su partido quedara casi al mismo nivel que el
del Estado. Por esos motivos, lo
felicito. Debe sentir que cumplió su misión.
Le enseño al pueblo, especialmente a la juventud, que se puede llegar lejos con buena
voluntad, que la sinceridad abre caminos.,
que basta trabajar por buena lid para ser un gran vencedor. Que lo más
importante en la vida es cumplir con el deber, con honestidad, eso da paz
interior, aunque no se ocupe un trono de poder.
Magnifico trabajo, Hipólito. Me siento muy contenta y orgullosa
con el ejemplo que ha dado a nuestra
juventud. Deja en manos de Dios, toda la
tarea pendiente relacionada con injusticias,
incomprensiones, ingratitudes, odios y
rencores que destilan los demás. Son tan infelices que solo el Todopoderoso
puede ayudarlos.

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