martes, 17 de abril de 2012

¿Las iglesias arropando corrupción?


Por Venecia Joaquín
Entiendo que las iglesias necesitan ministros  no solo para predicar los evangelios y  principios cristianos sino para que basados en ellos, eviten injusticias en países que como el nuestro, tienen instituciones débiles, con una población analfabeta sumergida en la miseria y  nubes dictatoriales. De ahí que cuando hay crisis política o social, por  su alta investidura y  símbolos que representan, al elevar su voz, inspiran respeto y credibilidad. Surge la esperanza en los diálogos, pactos, acuerdos en que participan.
Las naciones con estructuras frágiles, necesitan de líderes  que despierten  confianza. Cuando no los hay, se crean. Muchas veces surgen del sector empresarial, religioso, de medios de comunicación, etc. Tenemos pocos. Dirigentes de  iglesias, lo saben. De ahí que muchos, viven más atentos al quehacer político que a su misión espiritual, al extremo de parecer políticos trajeados de religiosos. Esto resulta inexplicable. Saben que la sociedad esta enferma del alma, podrida. La degeneración moral y familiar, corrupción, embarazos de adolescentes, crímenes, robos descarados, son algunas señales. Dicen que necesita psiquiatras, pero no, lo que necesita son ministros de Dios, pastores, sacerdotes, que con firmeza y coraje se dediquen a fortalecer el espíritu y sacar los mercaderes del templo.
Parecería que los ministros están más atentos al cuerpo,  que al alma de la nación. Comprendo que ayuden los gobiernos a resolver  crisis y hasta que tengan simpatías políticas, lo que no acepto ni entiendo es porque no le señalan sus deficiencias morales y exigen que las corrija.  Deben aprovechar la estructura gubernamental para inyectar valores cristianos en  la mente de los dirigentes y que los pongan en práctica. Así aprende toda la población.
No es cuestión de impresionar trajeado de ministro, con la Biblia en las manos ni ser árbitro, mediador, testigo, moderador o experto en manejar diálogos, es cuestión de que en todo momento se exija a los dirigentes del país, que actúen por buena lid. Que proporcionen igualdad de oportunidades y justa distribución de la riqueza.
Las representantes de las iglesias no son para ayudar los poderosos a crear una falsa estabilidad. Ni para ser complacientes y adulones a causa del diezmo. Son para atacar las raíces de los males. Deben exigir que imiten a Jesucristo, que piensen en los pobres. Esta misión solo se le dificulta cuando esta en riña con el YO interior. Entonces, procede detenerse y revisarse. ¿Se ha perdido la fe o el camino?  
Los soldados del ejército de Dios, deben ser valientes y honestos  en sus creencias. Que nadie le tumbe el pulso. Solo así aprovecharan las ocasiones, sin discriminación, para  señalarles a los sectores dominantes lo que los aparta del bien común. Jamás deben usar los símbolos de su iglesia para arropar  intereses personales o partidistas que atenten contra la humanidad y hundan en el fango la sociedad. Reflexionemos.

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